Desplazados de Sudán del Sur vuelven a casa a medida que se afianza la frágil paz en el país

El Alto Comisionado insta a las autoridades a comprometerse firmemente con la seguridad, el Estado de derecho y la buena gobernanza para apoyar los logros del proceso de paz.

La retornada sursudanesa Mary Nyekuola vive con una discapacidad y se mueve con la ayuda de una silla de ruedas.
© ACNUR/Andreea Campeanu

Cuando Mary Nyekuola regresó por primera vez a Sudán del Sur tras huir del conflicto hace cuatro años, lloró. La tierra que dejó atrás había sido ocupada y su marido había muerto en Jartum, donde se encontraba como refugiado, tras una larga enfermedad. Tuvo que empezar de cero, pero aun así, se sintió bien al volver.


“Tenía sentimientos encontrados. Fue doloroso, pero al mismo tiempo estaba feliz de estar en casa”, dijo mientras extendía una estera en el suelo frente a la casa de su hermana en Bentiu, una pequeña ciudad del estado de Unity, cerca de la frontera con Sudán.

Mary forma parte de los cerca de 350.000 refugiados sursudaneses que han regresado de sus países de asilo desde 2017, animados por las noticias de amigos y familiares de que la paz está volviendo lentamente a su país.

Esta madre de 30 años vive con una discapacidad y se mueve en una silla de ruedas con la ayuda de su sobrina. Sus hijos pequeños la empujan a veces por un camino poco utilizado que es seco y polvoriento para buscar agua.

“Tenía sentimientos encontrados... pero al mismo tiempo estaba feliz de estar en casa”.

“Cuando me fui, era porque no podía caminar y no hubiera podido huir de los combates, pero las cosas están mejor ahora”, dijo.

Sudán del Sur se convirtió en la nación más joven del mundo en 2011 tras décadas de guerra, pero volvió a sumirse en el conflicto en 2013. Más de cuatro millones de sursudaneses se han visto obligados a desplazarse por la región y dentro de su propio país en una de las mayores crisis de desplazamiento de África.

Un nuevo acuerdo sobre la resolución del conflicto en la República de Sudán del Sur firmado en septiembre de 2018 por las partes beligerantes revivió con cautela las esperanzas de estabilidad a largo plazo, una necesidad para las soluciones duraderas al desplazamiento, incluyendo el retorno y la integración local.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, estuvo de visita en el país para observar las oportunidades y los retos del frágil proceso de paz, se reunió con autoridades gubernamentales, refugiados, desplazados internos, comunidades de acogida y personas que han regresado recientemente, como Mary.

  • El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, y trabajadores de ACNUR se reúnen con los repatriados sursudaneses en Bentiu.
    El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, y trabajadores de ACNUR se reúnen con los repatriados sursudaneses en Bentiu. © ACNUR/Andreea Campeanu
  • Mary Nyekuola, una retorna sursudanesa viuda y madre de cuatro hijos, sentada frente a un alojamiento en Bentiu.
    Mary Nyekuola, una retorna sursudanesa viuda y madre de cuatro hijos, sentada frente a un alojamiento en Bentiu. © ACNUR/Andreea Campeanu
  • Mary Nyekuola fuera de un alojamiento en Bentiu.
    Mary Nyekuola fuera de un alojamiento en Bentiu. © ACNUR/Andreea Campeanu
  • Retornados sursudaneses toman un autobús desde Jartum, en Sudán, hasta Bentiu, en Sudán del Sur.
    Retornados sursudaneses toman un autobús desde Jartum, en Sudán, hasta Bentiu, en Sudán del Sur. © ACNUR/Andreea Campeanu
  • Una madre sursudanesa y su hijo toman un autobús desde Jartum, en Sudán, hasta Bentiu, en Sudán del Sur.
    Una madre sursudanesa y su hijo toman un autobús desde Jartum, en Sudán, hasta Bentiu, en Sudán del Sur. © ACNUR/Andreea Campeanu

“Hemos visto un aumento en el número de personas que retornan, ha habido un descenso durante el pico de la pandemia, pero ahora se está recuperando”, dijo.

En Panakuach, un punto fronterizo entre Sudán y Sudán del Sur, se encontró con refugiados que regresaban en autobuses repletos de camas, colchones y otras pertenencias acumuladas durante su estancia en Jartum, la capital de Sudán.

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, no está promoviendo ni facilitando el retorno a Sudán del Sur, aun así, Grandi instó a al gobierno y los socios a plantear de manera urgente una reflexión estratégica sobre cómo ayudar a los retornados y a las comunidades en las que se asientan a vivir con seguridad y dignidad, y con un mayor acceso a servicios.

“Hay un lento cambio de paradigma hacia una mejor situación, en virtud del proceso de paz, pero los retos son enormes... las autoridades deben comprometerse firmemente con la seguridad, el Estado de Derecho y la buena gobernanza”. Grandi también pidió a la comunidad internacional que ayude a fortalecer la acción para el desarrollo para garantizar que las escuelas, los servicios sanitarios y las oportunidades de trabajo correspondan a las necesidades de la población.

Los años de conflicto en Sudán del Sur han dañado gravemente las infraestructuras básicas y han puesto a prueba la ayuda humanitaria. Pidió que se prestara especial atención a la seguridad y las necesidades de las mujeres en el país, como Mary, que han soportado la peor parte de la violencia y durante la guerra civil, sufriendo terribles traumas.

“Las mujeres ya han sufrido mucho en este país”, dijo Grandi. “Hemos conocido a muchas mujeres que nos han dicho que son ellas las que les piden a sus familias que vuelvan a casa, son ellas las que necesitan más garantías sobre seguridad, educación de los hijos, salud y sobre su propio sustento, preguntándose cómo van a vivir”.

La visita del Alto Comisionado se produce en un momento en el que la Autoridad Intergubernamental sobre el Desarrollo (IGAD, para sus siglas en inglés) está trabajando para encontrar soluciones duraderas para unos siete millones de personas desplazadas a la fuerza en Sudán del Sur y Sudán.

Grandi también elogió la política de puertas abiertas de Sudán del Sur con los refugiados y la continua muestra de generosidad y solidaridad hacia los casi 300.000 refugiados que se encuentran actualmente en su territorio, especialmente en un momento en el que el país está experimentando enormes desafíos socioeconómicos, políticos y de seguridad.

“Las mujeres ya han sufrido mucho en este país”.

La pandemia de coronavirus ha agravado aún más la situación de las personas que huyen de la guerra, el conflicto y la persecución, así como de los sursudaneses vulnerables, es por ello que el apoyo humanitario de ACNUR continuará. Al preguntarle si le preocupa que el conflicto pueda volver a su ciudad natal, Mary dice que le preocupa, pero que por ahora está dispuesta a correr el riesgo.

Quiere montar un negocio para poder cuidar de su familia y necesita un pequeño capital inicial. “Si me dan una tienda de té con artículos como azúcar, dulces y otros, mi sobrina y yo podemos manejar la tienda”.