La niñez refugiada se ve afectada por los cierres de las escuelas debido al coronavirus

Ir a la escuela ya era un desafío diario para muchos niños desplazados en todo el mundo. Ahora hay temores de que algunos no regresen después de que se levanten los bloqueos por el COVID-19.

Muhammad, de 10 años, dice que ha estado muy aburrido en casa durante el último mes de toque de queda en Jordania. Él es refugiado sirio, y vive con sus padres y cuatro hermanos en un pequeño departamento en Amán.
© ACNUR / Lilly Carlisle

Ir a la escuela ya era un desafío diario para muchos niños desplazados en todo el mundo. Ahora hay temores de que algunos no regresen después de que se levanten los bloqueos por el COVID-19.


Isai* perdió dos años de escuela mientras su familia evitaba los disturbios sociales en su país natal, Nicaragua, y después mientras huían primero a la vecina Honduras y luego a Guatemala.

A los ocho años, finalmente regresó al aula al comienzo del año escolar de Guatemala en enero. Su madre, Lisseth*, dijo que acababa de comenzar a hacer amigos cuando el COVID-19 golpeó al país y el Gobierno ordenó el cierre de todas las escuelas.

"Tenía solo dos meses en la vida escolar cuando todo cerró", dijo Lisseth. "Está muy triste y angustiado. Para él, es como estar en Nicaragua de nuevo”.

Incluso antes de que la pandemia de coronavirus cerrara las escuelas en todo el mundo, interrumpiendo la educación de casi 1.600 millones de estudiantes según UNICEF, las aulas ya estaban cerradas para millones de niños desplazados.

Menos de la mitad de los niños refugiados en edad escolar estaban inscritos en la escuela primaria, mientras que solo uno de cada cuatro asistía a la escuela secundaria. Los cierres de las escuelas por varios meses crean el riesgo de revertir los pequeños avances logrados recientemente al ampliar el acceso a la educación para la niñez refugiada.

"Existe un gran riesgo de que las desigualdades en la educación se agraven".

"Existe un gran riesgo de que las desigualdades en la educación se agraven", dijo Rebecca Telford, jefa de educación de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados. Señaló que, si bien muchos países han actuado rápidamente para implementar programas de educación a distancia, ha habido pocas intervenciones específicas para garantizar que sean accesibles para la niñez refugiada.

"El desafío es el acceso y si las personas tienen un teléfono u otro hardware en casa", dijo. “Es posible que las familias tampoco puedan cubrir el costo de los datos. Muchos entornos de campamentos de refugiados se encuentran en áreas remotas a las que no llegan las señales de FM de las estaciones de radio nacionales, por lo que la gente no puede escuchar transmisiones educativas”.

Desde que las escuelas cerraron en Jordania a mediados de marzo, Mustafa y Sherin, refugiados de Siria que viven en Amán este, han tenido que elaborar un horario para asegurarse de que cada uno de sus cinco hijos tenga un turno usando la televisión y el teléfono móvil de la familia para hacer sus trabajos escolares.

  • Isai* (de chaqueta gris), un solicitante de asilo nicaragüense de ocho años, con su maestra de tercer grado antes de que cerrara su escuela a las afueras de la ciudad de Guatemala.
    Isai* (de chaqueta gris), un solicitante de asilo nicaragüense de ocho años, con su maestra de tercer grado antes de que cerrara su escuela a las afueras de la ciudad de Guatemala.  © ACNUR / Alexis Masciarelli
  • Mustafa, Sherin y sus cinco hijos (Nour, de 15 años, Fadia, de 14, Nadia, de 12, Muhammad, de 10 y Abed, de 5) han estado en Jordania desde 2013 después de huir de su hogar en Damasco, Siria.
    Mustafa, Sherin y sus cinco hijos (Nour, de 15 años, Fadia, de 14, Nadia, de 12, Muhammad, de 10 y Abed, de 5) han estado en Jordania desde 2013 después de huir de su hogar en Damasco, Siria.  © ACNUR / Mohammad Hawari
  • Fadia, de 14 años, intenta hacer una prueba en línea como parte de su aprendizaje virtual en casa en Amán, Jordania.
    Fadia, de 14 años, intenta hacer una prueba en línea como parte de su aprendizaje virtual en casa en Amán, Jordania.  © ACNUR / Lilly Carlisle
  • Nadia, de 12 años, y su hermano menor, Abed, de 5, se sientan en el callejón frente a su casa en Amán. Ellos y sus otros tres hermanos se han turnado para usar el único televisor y teléfono móvil de la familia.
    Nadia, de 12 años, y su hermano menor, Abed, de 5, se sientan en el callejón frente a su casa en Amán. Ellos y sus otros tres hermanos se han turnado para usar el único televisor y teléfono móvil de la familia.  © ACNUR / Lilly Carlisle
  • Asma, de 8 años, dibuja una imagen en el Centro de Aprendizaje Rose 2 en el campamento de refugiados de Kutupalong en Cox's Bazar, Bangladesh, el 27 de enero de 2020.
    Asma, de 8 años, dibuja una imagen en el Centro de Aprendizaje Rose 2 en el campamento de refugiados de Kutupalong en Cox's Bazar, Bangladesh, el 27 de enero de 2020.  © ACNUR / Vincent Tremeau

El Ministerio de Educación de Jordania está transmitiendo clases en la televisión y las compañías de telefonía móvil están proporcionando datos gratuitos para acceder a una plataforma de aprendizaje en línea, pero Mustafa dijo que tuvo que comprar datos adicionales para WhatsApp, ya que los maestros de sus hijos usan la plataforma para enviar videos. El gasto adicional en datos ha obligado a la familia a recortar otros gastos.

El bloqueo también ha impedido que Mustafa se gane la vida recolectando plástico y metal desechados para reciclarlos, como lo hacía habitualmente, mientras que Sherin no ha podido realizar trabajos de limpieza. La familia depende de los 150 dinares jordanos (211 dólares) mensuales en asistencia en efectivo que reciben del ACNUR para continuar pagando la comida y el alquiler, un apoyo que no está disponible para todas las familias de refugiados.

El 23% de los refugiados sirios en Jordania no tienen acceso a internet en sus hogares y el 46% de los encuestados en una evaluación reciente de necesidades dijeron que sus hijos no estaban accediendo a la plataforma de aprendizaje en línea del gobierno.

Mientras que los niños de familias de bajos ingresos en las comunidades de acogida se ven afectados de manera similar por la brecha digital, los niños refugiados, muchos de los cuales han tenido largos periodos fuera de la escuela, también se están perdiendo la asistencia adicional muy necesaria disponible a través de sus escuelas, como clases de idiomas y apoyo psicosocial.

Tras el cierre de las escuelas en Bulgaria, los niños refugiados inicialmente lucharon por participar en la educación en línea, en parte porque carecían de dispositivos, pero también debido a la barrera del idioma, según Borislav Grozdanov, asociado de información pública del ACNUR en Bulgaria. El Consejo de Mujeres Refugiadas y la Cruz Roja Búlgara ahora proporcionan computadoras portátiles y tabletas donadas a las familias de refugiados y otra ONG, Caritas Sofía, ofrece cursos de idiomas en línea.

"Mis cinco hijos... participan en los cursos de idiomas en línea", dijo Wisam, un refugiado sirio que ahora vive en la capital búlgara. “Estoy muy feliz... pueden seguir practicando el idioma. Pero los cursos en línea no pueden reemplazar a la escuela. Mis hijos quieren volver a la escuela porque extrañan a sus amigos y a sus maestros”.

Mantener a los niños en la escuela en Honduras, asolada por las pandillas, es visto como un elemento clave en un esfuerzo por prevenir la violencia y el desplazamiento. En las zonas urbanas de Honduras, donde los niños a menudo son reclutados o atacados por las pandillas, las escuelas son uno de los pocos lugares donde pueden sentirse seguros.

"La escuela puede salvar a los niños de las pandillas", dijo Luis*, director de una escuela en un área de bajos ingresos de Tegucigalpa, la capital de la nación centroamericana. "No somos solo maestros, somos psicólogos, asesores, guías".

Desde que cerraron las escuelas, dijo que sus estudiantes estaban luchando para mantenerse al día con sus lecciones en casa, ya que muchos no podían pagar los planes de Internet y carecían de televisores que les permitieran seguir las transmisiones educativas del gobierno.

A medio mundo de distancia en Bangladesh, los niños refugiados rohingya que viven en asentamientos en expansión en Cox’s Bazar, tenían acceso limitado a la educación incluso antes de que entrara en vigor el cierre el mes pasado como una medida de salud pública para limitar la propagación de COVID-19. Las escuelas de todo el país y los centros de aprendizaje de los campamentos se encuentran cerrados.

Los grupos de ayuda se habían estado preparando para lanzar un programa piloto que permitiría a los niños de los asentamientos comenzar a aprender del plan de estudios de Myanmar por primera vez, luego de la aprobación del Gobierno de Bangladesh en enero. Mientras tanto, cientos de centros informales de aprendizaje temporal ofrecían una educación básica y una oportunidad para que los niños olvidaran las luchas diarias que enfrentan en los campamentos superpoblados.

Babu Nisa, una asistente de enseñanza para refugiados en uno de los centros de aprendizaje, dijo que sus estudiantes estaban "muy afectados" cuando escucharon que se cerraría como parte del cierre.

“Los centros de aprendizaje no son solo para estudiar. Ellos crecen aquí”.

"Los centros de aprendizaje no son solo para estudiar", dijo. “Ellos crecen aquí. Disfrutan de su tiempo y sus meriendas aquí, al tiempo que reciben una educación. El campamento es un lugar congestionado y las condiciones de vida en los alojamientos no son adecuadas para que los niños y las niñas estudien adecuadamente”.

Debido a que las restricciones sobre la conectividad a Internet móvil en los campamentos hacen que el aprendizaje en línea sea imposible, ACNUR y sus socios han estado distribuyendo guías para que los padres y cuidadores puedan ayudar a los niños a aprender un poco en el hogar y abogando por que se restablezca la conectividad a Internet dentro de los campamentos y alrededores comunidades de acogida. Babu y sus colegas también están tratando de visitar a sus estudiantes que viven cerca.

“Los motivamos para que no pierdan la esperanza y se sientan tristes. Les gusta estudiar, pero no podemos garantizarles el ambiente en casa”, dijo, y explicó que muchos padres no pueden ayudar a sus hijos porque carecen de habilidades de alfabetización.

Además de desarrollar y distribuir materiales de aprendizaje impresos, ACNUR está trabajando con gobiernos nacionales y socios de ONG para apoyar a maestros, padres y estudiantes mientras las escuelas permanecen cerradas.

En varios países, eso ha significado continuar pagando incentivos a los maestros refugiados y ayudarlos a adaptarse a la nueva dependencia de la tecnología digital.

Robert Kinyanjui, un maestro de secundaria en el campamento Dadaab de Kenia, dijo que los maestros estaban usando varios métodos para asegurar que el aprendizaje continúe, incluyendo la realización de lecciones a través de grupos de WhatsApp, transmisiones de radio e incluso grabaciones de audio.

Agregó que los estudiantes en los campamentos siguen ansiosos por aprender y por aprovechar todas las oportunidades disponibles, a pesar de los desafíos.

"Hacemos un seguimiento a los estudiantes cuya participación en el programa de educación alternativa es pobre", dijo.

En países donde el aprendizaje en línea está menos disponible, como Sudán del Sur y Níger, la atención se ha centrado en distribuir paquetes de autoaprendizaje y radios para que los niños refugiados puedan seguir las lecciones transmitidas por las estaciones de radio comunitarias.

Jennifer Roberts, oficial senior de educación del ACNUR, dijo que el cierre de escuelas ha provocado algunas innovaciones en la prestación de servicios de apoyo educativo y el uso de tecnología digital que puede resultar invaluable a medida que las escuelas comienzan a prepararse para volver a abrir de manera segura.

"Responder a la pandemia nos da la oportunidad de reconstruir y mejorar la capacidad de recuperación de los sistemas", dijo.

Las lecciones extraídas de cierres escolares prolongados anteriores, como durante el brote de ébola en África occidental, muestran que las adolescentes corren el mayor riesgo de quedarse atrás y no regresar cuando las escuelas vuelven a abrir.

"Tenemos que empezar a pensar ahora en intervenciones personalizadas para apoyarlas", dijo Roberts, y agregó que los clubes de recuperación para niñas resultó un éxito después del cierre de la escuela por el brote de ébola.

Luis, el director de la escuela en Tegucigalpa, se enfrenta a un problema más grave. Una de las pandillas que aterroriza el área rápidamente aprovechó el hecho de que la escuela estaba vacía para tomar el control como sede de sus operaciones.

"Me preocupa que no nos la devuelvan", dijo.

Escrito por Kristy Siegfried, con reportes de Alexis Masciarelli en Ciudad de Guatemala, Pamela Villars en Tegucigalpa, Lilly Carlisle en Amán, Iffath Yeasmine en Cox’s Bazar, Caroline Opile en Nairobi y Borislav Grozdanov en Sofía.