Los niños y niñas desplazados necesitan ayuda más que nunca en medio de la pandemia de COVID-19

Comunicado conjunto de Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de UNICEF, y Filippo Grandi, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados

Mohammad, un refugiado sirio de cuatro años, come una fresa mientras su madre participa en un curso de cocina en el centro comunitario de Nuzha, que cuenta con el apoyo de ACNUR, en el este de Amán, en Jordania.

Mohammad, un refugiado sirio de cuatro años, come una fresa mientras su madre participa en un curso de cocina en el centro comunitario de Nuzha, que cuenta con el apoyo de ACNUR, en el este de Amán, en Jordania.  © ACNUR/Lilly Carlisle

GINEBRA / NUEVA YORK – Millones de niños y niñas en todo el mundo han tenido que abandonar sus hogares y cruzar fronteras a causa de los conflictos, la violencia y otras situaciones de peligro, entre ellos 12,7 millones de menores refugiados y 1,1 millones de solicitantes de asilo.

La rápida propagación de la pandemia del COVID-19 ha agudizado las necesidades de la infancia refugiada. Resulta imprescindible dar respuesta a esas necesidades para proteger tanto su bienestar actual como su potencial futuro.

Los niños y niñas desplazados son uno de los colectivos con un menor acceso a los servicios de prevención, tests, tratamientos y otras ayudas esenciales. Además, la pandemia y las medidas de contención pueden tener consecuencias negativas para su seguridad y educación, que ya se encontraban en una situación precaria antes del brote de la enfermedad.

Para muchos de los niños desplazados en todo el mundo, ir al colegio ya era un desafío día tras día o una tarea imposible. Menos de la mitad de todos los niños y niñas refugiados en edad escolar estaban matriculados en la escuela, y solo uno de cada cuatro en la educación secundaria. Ahora son más los niños y niñas desplazados que podrían dejar de ir al colegio durante un periodo de tiempo prolongado, e incluso podría ocurrir que algunos nunca vuelvan a las aulas.  

En algunos casos, el cierre de los colegios ha dejado a niños y niñas sin acceso a comida ni a agua potable. Ante las crecientes dificultades socioeconómicas a las que están haciendo frente las familias, es posible que se produzcan más casos de abandono, maltrato, situaciones de violencia de género y matrimonios infantiles. Además, a medida que el virus se propaga y se siembra el miedo, existe un riesgo mayor de que se generalicen la estigmatización y los prejuicios.

La pandemia hace peligrar avances importantes en la mejora del acceso para niños y niñas refugiados en todo el mundo a la protección, a la atención sanitaria y a la educación.

No podemos permitirlo. En un momento en que se multiplica la necesidad de apoyo y atención, la respuesta ante la pandemia debe incluir compromisos claros para garantizar la protección y el bienestar de los menores desplazados forzosos.

Desde ACNUR y UNICEF se reafirma el compromiso de seguir trabajando más y mejor, durante esta crisis y cuando todo pase, por los niños y niñas refugiados, sus familias, sus comunidades y por quienes los acogen.

Este compromiso está vinculado a nuestro Plan para la acción conjunta, una iniciativa lanzada por las dos organizaciones en enero de 2020 para mejorar el acceso de niñas y niños refugiados a los servicios de protección, a la educación, al agua y saneamiento en un primer grupo de países prioritarios.

Nos hemos comprometido a trabajar juntos para transformar la calidad de vida de los menores refugiados y de sus familias duplicando el número de niños refugiados y retornados que pueden acceder a la educación, garantizando que tengan acceso al agua potable y a servicios de saneamiento gestionados de una forma sostenible y adecuada desde un punto de vista medioambiental, respondiendo a las necesidades de protección y garantizando que se ofrezcan servicios de respuesta de calidad y adecuados para la infancia, así como identificando los obstáculos para la inclusión presentes en los sistemas nacionales.

ACNUR y UNICEF colaboran en más de 40 países del mundo y trabajan juntos para que se cumplan los compromisos sobre infancia adquiridos en el Pacto Mundial sobre los Refugiados. Ambas organizaciones continuarán asistiendo de la mejor manera posible a todos los niños refugiados durante la pandemia de COVID y cuando esta termine, e instan a los gobiernos y a la comunidad internacional a que se sumen a estos esfuerzos.

Como todos los niños y niñas en el mundo, la infancia refugiada merece que se les dé una oportunidad y que se respeten sus derechos. A pesar de que sus vidas se hayan visto interrumpidas por la violencia, el desplazamiento, y ahora una pandemia, si tienen un acceso equitativo a los servicios y a la asistencia que necesitan, se reforzarán sus oportunidades de tener un futuro digno.

 

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