Sastra congoleña con discapacidad hilvana una nueva vida en Kenia

El conflicto y un problema de columna no han impedido que esta refugiada congoleña establezca una próspera sastrería en el campamento de Kakuma, en Kenia.

Hota padece una enfermedad debilitante en la columna vertebral que curva su espalda y limita su capacidad de movimiento.
© ACNUR/Rose Ogola

Hota Biclere maneja con destreza las telas coloridas bajo el zumbido de su máquina de coser. El tejido va adoptando poco a poco la forma de un precioso vestido.       


Hace una pausa cuando Mary, refugiada sursudanesa y una de sus mejores clientas, entra en la tienda. Mary toca un hermoso vestido burdeos, lo toma del perchero y se lo lleva a la trastienda para probárselo.

“Lo que más me gusta de ella es que cumple sus promesas”, dice Mary, radiante mientras luce el vestido que la experta sastra ha confeccionado en solo dos días. Hota ha vuelto a conseguir que su clienta quede satisfecha.

“Faltaba mucho a la escuela”.

Hota es refugiada de la República Democrática del Congo (RDC) y vive en el campamento de refugiados de Kakuma, en Kenia. Padece una enfermedad debilitante en la columna vertebral que curva su espalda y limita su capacidad de movimiento desde que era muy joven.

“Cuando tenía ocho años contraje tuberculosis ósea y la médula espinal se vio afectada”, nos explica.

Ahora tiene 35 años y es madre de dos hijos, pero en aquel entonces asistía a tercer curso en la escuela, por lo que su educación se vio muy afectada por la enfermedad.

“Faltaba mucho a la escuela”, dice. “Al final, en sexto curso dejé definitivamente de ir”.

Hota cose un vestido en su tienda en el campamento de Kakuma en Kenia, donde emplea a otras siete refugiadas.   © ACNUR/Rose Ogola

Pero la gran determinación de Hota, unida a su destreza con la aguja, han permitido que salga adelante. Huyó del conflicto en la RDC en 2012 hasta llegar a Kakuma, donde encontró trabajo confeccionando vestidos meses después de haber llegado.

“Solo gastaba una pequeña parte de lo que ganaba y ahorraba el resto del dinero”, recuerda.

Tras trabajar muchas horas durante siete meses, Hota había ahorrado lo suficiente como para comprar su propia máquina de coser. Puso en marcha su sastrería y pronto compró una segunda máquina de coser.

Tres años más tarde tuvo acceso a un préstamo de 1.000 dólares a través de Action cmstag-378445Africa Help International, una organización socia de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

“Compré dos máquinas más y amplié mis existencias de tejidos”, dice.

Hoy, la persistencia y el trabajo duro de Hota han dado sus frutos. Cuenta con siete máquinas de coser y da trabajo a siete sastras a las que capacita ella misma. Les paga a comisión en función de cuántas piezas de ropa cosan.

Aunque el negocio va viento en popa, a veces le cuesta coser a causa de su enfermedad. Se concentra sobre todo en cortar las telas y deja que las sastras hagan la mayor parte de la costura.

“A veces me resulta muy difícil, pero mis hijos dependen de mí así que tengo que seguir adelante por ellos”, dice. 

“Casi todas mis clientas vienen recomendadas por otras que han quedado satisfechas”.

La mayoría de sus clientas son refugiadas, pero también tiene clientas keniatas entre las que hay personal de las diversas agencias humanitarias que trabajan en Kakuma.

“La promoción se hace boca a boca y casi todas mis clientas vienen recomendadas por otras que han quedado satisfechas”, nos explica.

Este año, ACNUR y otras agencias de las Naciones Unidas aprovecharán el Día Internacional de las Personas con Discapacidad para intentar empoderar a estas personas y asegurar su inclusión y su igualdad.

En Kakuma, ACNUR coordina a diversas agencias para la prestación de servicios a las personas discapacitadas que se encuentran en el campamento. Patrice Ahouansou es Oficial Senior de Protección de ACNUR en el terreno y dice que estos servicios garantizan el empoderamiento de las personas que viven con discapacidades. ACNUR y sus organizaciones socias trabajan duro para asegurar la plena inclusión de personas refugiadas como Hota en este proceso.

“Entre los desafíos que enfrentan en el campamento destaca la incapacidad de participar o verse plenamente integradas en las actividades, así como la falta de aceptación por parte de la comunidad”, explica Ahouansou.

En respuesta, ACNUR ayuda a establecer y presta su apoyo a grupos específicos de apoyo en la comunidad y a organizaciones comunitarias que trabajan en la creación de capacidad para las personas que atienden a aquellos que sufren algún tipo de discapacidad.

“Además, estamos concientizando a la comunidad al tiempo que defendemos los derechos de las personas con discapacidad”, añade Ahouansou.

Mientras tanto, personas refugiadas como Hota seguirán inspirando a otros miembros de sus comunidades.